JAVIER ESEVERRI BARACE

EL COLECTIVO ALMADIERO QUIERE PONER EN VALOR LA TRAYECTORIA DEPORTIVA  DE OTRO DE LOS GRANDES DEL DEPORTE NAVARRO, SALACENCO Y JUGADOR DE FÚTBOL SALA INTERNACIONAL: JAVI ESEVERRI.

No es la primera vez que desde la Asociación Cultural de Almadieros Navarros reconocemos y premiamos con la Almadía de Oro la trayectoria profesional de un deportista salacenco. Y desde aquí brindamos para que la de este año no sea la última sino que el futuro nos depare muchas más. Sí, porque este año el colectivo almadiero quiere poner en valor la trayectoria deportiva de otro de los grandes del deporte navarro, salacenco y jugador de fútbol sala en la División de Honor, concretamente en el Osasuna Magna (y antes en el Xota); nos referimos, por supuesto, al jugador internacional Javi Eseverri.

Es de justicia reconocer la grandeza que hay detrás de las cualidades de Javi Eseverri, un luchador incansable que en el fútbol sala ha llegado casi a lo más alto que se puede llegar: campeón de Europa y subcampeón del mundo con la selección.

Desde el colectivo almadiero queremos, con la concesión de la Almadía de Oro, contribuir a que Javier Eseverri tenga un reconocimiento permanente, un reconocimiento que se le brinda esta vez desde los valles pirenaicos. Es un homenaje que le viene desde la cultura almadiera, la de sus antepasados, la misma que nos enseña lo difíciles que son los inicios y lo gratificante que puede llegar a ser la travesía y la meta si se ha sido capaz de remar con tino cuando todo era angosto. Es evidente que Javi Eseverri en sus inicios deportivos supo remar hasta llevar su carrera deportiva a buen puerto, con el 12 en el dorsal, es decir, con un tramo de docenes, con mano firme en el remo, y pie certero en el regate y en el disparo.

Nuestra Medalla de oro es para él, para Javi Eseverri Barace, el de aquí.

ASTRORONCAL ERRONKARIZAR

LA AUSENCIA DE CONTAMINACIÓN LUMÍNICA EN ESTE VALLE NOS PERMITE VER EL CIELO EN SU ESTADO PURO, SIN DIFUMINAR, SIN FILTROS.

En el Roncal miramos al cielo… y lo vemos; vemos estrellas, astros, constelaciones… Parece una tontería, incluso alguno pensará que es lo normal, y sin embargo es un lujo que no está al alcance de cualquiera. La ausencia de contaminación lumínica en este valle nos permite ver el cielo en su estado puro, sin difuminar, sin filtros. Y esa calidad de nuestro cielo y su amplio potencial para implantar el astroturismo, es lo que ha hecho posible que la Fundación Starlight nos haya certificado como “Destino Turístico Starlight”.

Si importante es este certificado de calidad, igual de importante lo es que un equipo de personas del valle, “monitores del cielo”, se hayan formado en el Planetario y se hayan especializado en interpretarnos todo aquello que esa enorme pantalla que es el firmamento nos ofrece. Así pues, calidad en el cielo y calidad de monitores, conforman un destino turístico exclusivo y excepcional para personas sensibles que sean capaces de admirarse ante la infinidad salpicada de estrellas.

Para el conjunto de todo ello va este año nuestra Almadía de Oro; para el cielo lim- pio y para quienes nos guían en él a través de sus conocimientos. Vemos hoy el cielo, en la noche, exactamente igual que duran- te siglos lo vieron los almadieros cuando, fundidos en la oscuridad nocturna, subían con sus aparejos valle arriba para poder aguar, al amanecer, las almadías que durante el día les habrían de llevar aguas abajo. Lo dicho, un lujo.