horno3‘Coger el pan para casa’ era una de las aspiraciones más importantes de las antiguas familias de Burgui. Para ello se sembraban muchas robadas de terreno, nada comparables con los buenos campos de las tierras bajas de Navarra.
Pero en Burgui no había otra cosa, y, bien con machos, bueyes, o bien con layas o azada, los hombres trataban de sembrar varias piezas, muchas veces trozos de tierra arrancados al bosque en laderas y carasoles imposibles.

Una vez sembrado el trigo, se segaba a hoz. Segaba la familia entera, mujeres y niños incluidos. A los días se trillaba la mies en la era, bien en las eras del pueblo o en las que existían en todos los bordales del término.
La paja se guardaba en la borda para los animales y el trigo se llevaba a casa.

De casa el trigo iba pasando en varias veces al molino.
El molinero en 1654 cobraba tres cuartillos de almud (alrededor de un kilo) por cada robo (unos 22 kilos). Era la primera derrama.
Normalmente la harina se cernía en casa con el cedazo, eliminando así el menudillo que luego servía para los cerdos. Después se llevaba a los hornos o a la panadería.

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